Homilías Dominicales
Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario
29 de enero del 2012
Primera Lectura: Deut. 18, 15-20
Salmo Responsorial: Salmo 95
Segunda Lectura: 1 Cor. 7, 32-35
Evangelio: Marcos 1, 21-28
Tema: ¿Autoridad o poder?
Primera Lectura: Deut. 18, 15-20
Esta sección del Deuteronomio, aunque dedicada a los sacerdotes, habla de la
vocación profética que viene de Dios y que debe ser ejercitada en estricta
adherencia a la voluntad y a los designios de Dios. En general, todos aquellos
que ejercen una posición de autoridad, lo hacen en nombre de Dios.
Salmo Responsorial: Si escuchan hoy su voz, no endurezcan su corazón.
Segunda Lectura: 1 Cor. 7, 32-35
Pablo escribe a los Corintios acerca de la libertad que tiene aquellos que se
dedican enteramente al servicio de Dios. La comparación que Pablo establece
entre la vida matrimonial y la de aquellos que no están casados debe leerse e
interpretarse en el contexto de la espera del retorno inminente de Cristo.
Evangelio: Marcos 1, 21-28
La primera parte de este pasaje del Evangelio presenta a Jesús como el Maestro
por excelencia: aquel que enseña bajo su propia autoridad y que es capaz de
despertar en sus oyentes un deseo por la verdad y los medios de alcanzarla. Las
autoridades religiosas de su tiempo, por el contrario, se muestran recelosas y
resentidas porque la autoridad de Jesús pone en riesgo el poder que ellos
ejercen sobre la gente. En pocas palabras, aquellos que detentan el poder
religioso, carecen de la autoridad que sólo viene de parte de Dios.
La segunda parte de este pasaje ejemplifica el poder y la autoridad de Jesús a
través del exorcismo del hombre poseído .
El exorcismo ofrece varios aspectos sorprendentes: el
hombre poseído se encuentra en medio de la sinagoga; es decir, el lugar sagrado
no es suficiente para evitar que esté presente, en medio de los creyentes.
Además, el hombre es poseído por varios espíritus que tratan de intimidar a
Jesús. Finalmente, Jesús no entabla ninguna conversación con los espíritus sino
que, sin usar ninguna formula litúrgica, los expulsa del hombre poseído. Un
aspecto que merece mención aparte es el hecho de que los espíritus son capaces
de reconocer en Jesús al “Santo de Dios”, mientras que sus discípulos y
seguidores, así como las autoridades religiosas de su tiempo, son incapaces de
reconocerlo.
Ejemplo de Homilía:
El pasaje del Evangelio de hoy suscita en nosotros encontradas emociones. Para
algunos evoca imágenes de películas de posesiones y exorcismos, con todos los
sentimientos de terror que las acompañan. Para otros, el pasaje simplemente
provoca una actitud de incredulidad y escepticismo. En cualquiera de los dos
casos, el riesgo es centrarnos sólo en el evento, sin prestar atención a las
circunstancias en las que se desenvuelve. Esto nos puede llevar a ignorar el
mensaje principal.
El exorcismo del hombre poseído nos muestra la
diferencia entre el poder y la autoridad. Jesús tiene la autoridad de expulsar
demonios, aunque en términos humanos y comunes, Él no tiene poder; es decir, no
es un sacerdote o un escriba; no está afiliado a la sinagoga; es simplemente un
joven predicador a quien, a los ojos de sus oyentes, le falta experiencia... es
decir, hasta que exorciza al poseído!
Por esa razón, los que sí tienen el poder, es decir,
los escribas y fariseos que dirigen y trabajan en la sinagoga se llenan de ira
ante su atrevimiento, ante lo que ellos consideran una forma pretensiosa de
enseñar, porque les enseña con autoridad. Su envidia y sus celos les impide
reconocer que ellos, que son la autoridad del lugar, ni siquiera fueron capaces
de reconocer que entre ellos había un endemoniado!
Y esto nos muestra la diferencia entre tener poder y
tener autoridad. La palabra autoridad hace referencia a “autor”, a aquel que
conoce el origen de las cosas porque las ha creado. Y aunque el Evangelio no
explica el origen de los espíritus malignos, si deja claro que el autor de todo,
Dios, tiene la autoridad de expulsarlos y de liberar a los que son aquejados por
ellos. El poder, entonces, depende de una autoridad legítima - como lo expresa
Moisés en la primera lectura cuando habla de los profetas que deben actuar
estrictamente bajo la autoridad de Dios.
Ahora bien, para aquellos de ustedes que todavía están
pensando en el hombre poseído e imaginándose escenas del Exorcista, la
pregunta es la siguiente:
¿Cómo es que el hombre poseído pasó inadvertido en
medio de la sinagoga? Naturalmente, el hombre poseído tuvo que haber aparecido
“normal”. Es decir, dejando de lado las imágenes de “película Hollywood -
esca”, aquel que está poseído se ve, camina, se mueve y actúa como uno más, de
hecho, como uno de nosotros. Y es que, aunque nos desagrade considerarlo,
el Evangelio nos reta a reconocer que cada uno de nosotros lucha día a día con
varios “espíritus inmundos”: el espíritu de las drogas y el alcohol; el espíritu
de la envidia y los celos; el espíritu de la infidelidad; el espíritu de la
rabia y del abuso físico y emocional; el espíritu de la depresión…
La buena nueva de hoy es que, sin importar cuáles sean
los espíritus que nos aquejan, tenemos de nuestra parte a aquel que puede
ayudarnos a expulsarlos de una vez por todas: Jesús. Y sabemos que no hay
espíritu que pueda oponerse a su autoridad o al poder del Espíritu Santo.
Pidámosle a Jesús en esta Eucaristía que nos libere de nuestros demonios
interiores y de todo espíritu inmundo que nos aqueja y que nos aleja del plan de
salvación, de realización personal y de felicidad que Dios tiene para cada uno
de nosotros.
Fr. Leo Almazan, OP
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